Y fue entonces, justo entonces, aquel fue el momento. De repente me di cuenta de que, a no ser que algo cambiara enseguida, iba a llevar una vida en la que mi relación más importante sería con una botella de tequila.
martes, 30 de noviembre de 2010
lunes, 8 de noviembre de 2010
Los mejores sueños se hayan en su sonrisa.
Adoro que me mires y me sonrías sin ninguna razón. Me encanta decirte lo de siempre, y mis manos adoran tu pelo. Y que me estreches, poco a poco... No cambio por nada en el mundo dormir abrazados, ni que me agarres más fuerte cada vez que me alejo un poco de ti. Me haces desaparecer por momentos, y me hago parte de tu aire, que me abraza porque no buscamos otra cosa que hacer. Nunca he tenido nada que ofrecerte, y sin embargo, me lo has dado todo. Todo lo que necesitaba en este momento. Porque eres experto en sonreír y convertir momentos normales y corrientes en increíbles. Prometo disfrutarte y coger tu mano en vez de la mía. Intentaré hacerte feliz con cada poro de mi piel. Te prometo sonrisas, lágrimas, alguna que otra discusión y miradas a los ojos eternas. Yo en tu pecho, tú acariciandome el pelo.Yo solo quiero sonreir hasta que se me erice la piel.
jueves, 30 de septiembre de 2010
De repente veía a todas esas parejas agarradas de la mano, ¿sabes? Todas esas personas que se querían, con sus problemas y discusiones diarias, pero se querían. Y no podía soportarlo. No podía aguantar sus risas, como se miraban, como se hablaban en un lenguaje típico de enamorados, como se tocaban mientras gritaban al mundo que se lo perdonarían todo. Me horroriza verlos. Me horroriza salir a la calle y vernos, vernos a ti y a mí, en los ojos de otros que no somos nosotros. Tengo miedo de pasear un día cualquiera y gritarle a todos esos cabrones que dejen de quererse, que el amor no es para siempre, que me duelen sus historias, que paren. Tengo miedo de perder la cabeza. Tengo muchísimo miedo. Noto que suben las palabras a mi garganta, que todo lo que quise y no pude decirte ahora quiero gritarselo a ellos, pero tengo que apretar bien los dientes para no vomitarnos delante de otros y piensen que me he vuelto loca desde que no estás conmigo.
domingo, 26 de septiembre de 2010
El mundo me da tanto asco que ya ni siquiera puedo cabrearme. No encuentro ninguna palabra que defina esto. Gozamos de un diccionario insultantemente enorme, he buscado por delante y por detrás y no encuentro una palabra con la que explicar todo esto. Quizás lo más conveniente sea decir que estoy en un punto intermedio entre el cabreo y el cansancio. Más cansada que cabreada, o eso creo. Tengo fuerzas, pero ¿qué parte de mí reclama esas fuerzas? Tengo valor, pero no sé para que lo necesito. Tengo ganas, ganas de olvidarme de todo por completo. No estoy triste. Me encantaría, pero no lo estoy. Tampoco estoy contenta. Y no estoy buscando a nadie que me diga como me siento. Tampoco escribo para encontrarme. Me toco y sé que estoy aquí. Me siento. Pero quizás necesite algo. O tal vez quiero eliminar lo que nunca debió ocurrir. Borrar un fragmento de mi vida y reescribir con tiza otro momento. A lo mejor necesito alcohol, ¿no? droga para aclararme. No lo sé. No hay nadie con quien pueda hablar de esto. Millones de personas que existen en el mundo no me sirven para nada ahora mismo. Ni siquiera puedo hablar conmigo, porque no sé exactamente qué siento. Porque me pongo a pensar y me quedo a medias, porque a cada momento me aturden tus recuerdos. Porque no entiendo como pude ser tan imbécil... Este pensamiento viaja de lado a lado en mi cabeza cada madrugada cuando no consigo conciliar el sueño y duele, duele sentirse culpable de algo que se te fue totalmente de las manos, porque no puedes, porque no sabes como hacer para acabar con algo que te taladra la piel día sí y día también. Es como si tuviera los ojos vendados, y camino, no sé si hacia atrás o hacia adelante, pero camino, y no me canso de encontrar tu imagen en esta cabeza loca. Necesito una terapia que no existe, un medicamento que aún no inventaron. Algo que me alivie este sinsentido. No aguanto ni un día más con esto dentro, necesito que todo vuelva a la normalidad. Que tú y yo volvamos a ser lo que éramos, y volver a darnos todos los besos que le faltan a esta puta ciudad.
Necesito que todo esté perfecto aquí dentro, y ahora mismo no lo está. Y me molesta. Mi propia fábrica de pensar es lo que me daña esta vez. Estoy tensa, noto a mis costillas empujar hacia mi pecho con fuerza, como si les faltara el aire, como si necesitasen despojarse de mi piel por un rato. Me cuesta respirar, ya no tengo la facilidad que tenía antes para llenar mis pulmones con el aire de esta habitación, porque apenas hay aire y si lo hay, mi boca ya no lo encuentra. A veces me descubro pensando en cosas que ya pasaron, en lo terminado, y me resulta raro ser yo la que ahora está en la cama dando vueltas sin poder conciliar el sueño, intentando olvidar. Me siento incómoda aquí, así baje la persiana o la vuelva a subir, así esté de pie o sentada, no me encuentro bien. Tu olor se acumuló en cada rincón de mi habitación, y no puedo soportarlo. He cometido demasiados errores, o quizás solo uno. Ni yo misma lo sé. Ni yo me sé. No puedo seguir viviendo así. Y tampoco quiero ponerle nombre a lo que me está pasando, no quiero ser nada ahora mismo, ni estar de ninguna manera. Solo quiero acabar con esto. Dejar de pensar, dejar de sentir. ¿Es tan difícil? Que alguien pare la máquina de mi corazón por un rato para que me deje tranquila. ¡Que alguien la pare! Que estoy en el único sitio desde el que no puedo hacer nada y necesito que se acabe, antes de que se me acabe la vida...
Necesito que todo esté perfecto aquí dentro, y ahora mismo no lo está. Y me molesta. Mi propia fábrica de pensar es lo que me daña esta vez. Estoy tensa, noto a mis costillas empujar hacia mi pecho con fuerza, como si les faltara el aire, como si necesitasen despojarse de mi piel por un rato. Me cuesta respirar, ya no tengo la facilidad que tenía antes para llenar mis pulmones con el aire de esta habitación, porque apenas hay aire y si lo hay, mi boca ya no lo encuentra. A veces me descubro pensando en cosas que ya pasaron, en lo terminado, y me resulta raro ser yo la que ahora está en la cama dando vueltas sin poder conciliar el sueño, intentando olvidar. Me siento incómoda aquí, así baje la persiana o la vuelva a subir, así esté de pie o sentada, no me encuentro bien. Tu olor se acumuló en cada rincón de mi habitación, y no puedo soportarlo. He cometido demasiados errores, o quizás solo uno. Ni yo misma lo sé. Ni yo me sé. No puedo seguir viviendo así. Y tampoco quiero ponerle nombre a lo que me está pasando, no quiero ser nada ahora mismo, ni estar de ninguna manera. Solo quiero acabar con esto. Dejar de pensar, dejar de sentir. ¿Es tan difícil? Que alguien pare la máquina de mi corazón por un rato para que me deje tranquila. ¡Que alguien la pare! Que estoy en el único sitio desde el que no puedo hacer nada y necesito que se acabe, antes de que se me acabe la vida...
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